
Al fondo de una cueva, una voz repite «eco, eco, eco». Desde tiempos inmemoriales, el ser humano encontró un refugio en las profundidades. Un reino oscuro donde avivar la llama de la imaginación y la creatividad, y pintar sus pedregosos muros con imágenes de bisontes, caballos y felinos.
En el inicio de la era cristiana, el poeta romano Ovidio (43 a.C.-17 d.C.) publicó el libro Las metamorfosis. En él, valles y montañas, ríos y lagos, flora y fauna, formaban parte de una cosmogonía basada en los encuentros faustos e infaustos entre las deidades y la humanidad.
Al fondo de una cueva, Ovidio ubicó a Eco, una ninfa que padeció el rechazo amoroso de un ensimismado Narciso. Los dioses convirtieron al efebo, embobado de su reflejo, en una flor que crecería cerca de las aguas, mientras Eco mantendría su presencia a través de una voz incorpórea.
El arte es el reino de la creatividad y la imaginación, y lo ha sido desde tiempos inmemoriales. Es la llama que ilumina con visiones el refugio cavernoso donde la verdad aflora, donde los secretos se develan y el ser humano puede enfrentarse a sus temores.
El arte contemporáneo es misterioso, evocativo y, por lo mismo, pertenece al terreno de las incertidumbres. Es el resultado de la creatividad y la imaginación que surjen de las entrañas de la subjetividad, de la memoria individual o colectiva y de las experiencias radicales. Es un mensaje cifrado e incompleto, como el suspiro de Eco.
Las piezas que se presentan en ambas salas –Galería de Arte del Campus Menchaca Lira y en la Sala de Exposiciones del Campus San Francisco– abrazan las tradiciones artísticas de la pintura, la escultura, el grabado, el textil y la fotografía para expandirse hacia la intervención, el site-specific y la instalación, forzando al espectador a ir más allá de las convenciones.
Las y los expositores de Ecos representan el deseo de la UCT por abrir caminos desde las enseñanzas basales con los lenguajes y técnicas tradicionales para abordar los asuntos del presente: las memorias familiares (Catalina González, Marcela Acuña, Makarena Zavala y Micaela Ortiz); los roles de lo femenino (Kendra Bustos y Camila Arriagada); lo ritual y lo sagrado (Paula Gutiérrez); y los bordes de lo humano (Ángela Isla y Roberto Muñoz).
Los nueve artistas reunidos en Ecos: arte joven en Temuco emergen de la cueva de la creatividad que fue su hogar en los últimos cuatro años: la escuela de Artes Visuales de la Universidad Católica de Temuco. Durante este periodo, cada uno indagó en las huellas de su pasado, abordó las complejidades del paisaje actual y fantaseó con las luces y sombras de su futuro para construir una nueva obra artística: su propia voz autoral.
Ignacio Szmulewicz R., historiador del arte y académico de la UCT.